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De la birome a la computadora: ¿cómo cambió el rol del periodista?


Con el día del periodista los mensajes de salutación llenan las casillas de mensajes y en las redes sociales pululan publicaciones en las que se "romantiza" la figura del periodista. De la libreta con espiral y la birome a la era del teléfono móvil como principal herramienta, el rol del comunicador y de quien recibe la información ha cambiado.


La irrupción de las nuevas tecnologías y la inmediatez en el acceso a la información iniciaron un cambio en la forma de informar e informarse, cambios que se acentuaron durante la pandemia de Covid-19.


Mal que le pese al periodismo, ya no hay una gran demanda de noticias por parte de la gente y las redes sociales ocupan el lugar que alguna vez tuvieron los medios de comunicación formales, hoy en día estructuras obsoletas y costosas en vías de extinción. 


El consumo de información por parte de los usuarios relega la calidad de la noticia, cantidad sobre calidad. Antes de salir de la cama se comienza el consumo indiscriminado de datos: revisamos mails, mensajes, redes sociales, noticias, alertas y a final del día consumimos el equivalente a 9 películas sin que el cerebro pueda llegar a procesar la avalancha de información recibida. 


La autora Valeria Groisman acuñó un término muy interesante que grafica el "atracón" de información que nos damos a diario. Estamos "infoxicados", terminamos cayendo en los famosos sesgos cognitivos para tratar de administrar tanta información, para procesar de manera más eficiente esa avalancha de información a la que nos vemos expuestos todos los días.


¿Qué quiere decir esto? Que terminamos consumiendo solamente la información con la que nos sentimos cómodos, aquella que corrobora y coincide con nuestros valores y pensamientos, que ratifican  nuestra postura política y aquello que la enfrenta y la cuestiona no es válido, se cancela, se mutea y terminamos viviendo en una burbuja informativa.


Escuchamos y leemos solo aquello que queremos ver o nos conviene,  alimentando el fanatismo, la polarización, las posiciones extremas tanto de un lado como del otro de la grieta que se retroalimenta con esta conducta.


Según la autora, hoy estamos desmuteados, cualquiera puede hablar, cualquiera puede expresarse a través de las redes sociales, una radio comunitaria, un blog, un portal de noticias, la tecnología abre puertas a infinidad de plataformas para exponer libremente una opinión o pensamiento, pero la cuestión es ¿hay alguien que nos escuche? ¿quién está del otro lado?.


Las audiencias se miden en likes y la acumulación de gente o contactos termina siendo un valor en si mismo. De hecho los medios "tradicionales" no muestran la cantidad de suscriptores sino el alcance que tienen en redes sociales que llegan a triplicar el engagement con la marca.

¿Muere el periodismo?

De ninguna manera. Los humanos necesitamos comunicarnos. Pasamos el día hablando, enviando y recibiendo mensajes de texto o viendo imágenes y vídeos. Todo ello forma parte de las mil y una maneras que tenemos de interactuar entre nosotros y con el entorno, hábito que nos ha permitido desarrollarnos en sociedades complejas y el periodismo nació de esa necesidad de saber qué pasaba a nuestro alrededor.


Internet permitió a los medios de comunicación experimentar con nuevos formatos y maneras de llegar al público, a la vez que dio la oportunidad a cualquier persona con conexión a internet de publicar y compartir el contenido que quisiese, pero también abrió la puerta a las fake news y a la manipulación de información no chequeada y de procedencia dudosa e incluso cuestionable.


Y entonces aparece la gran paradoja: cuando los humanos disponemos de los medios más perfeccionados para la comunicación, comprobamos que ha aumentado nuestra incomunicación. 


Esto vale para el periodista que no puede suplir la comunicación personal (entrevistas, investigación, presencia in situ) con la comunicación virtual que le proporciona la tecnología. La relación persona a persona da una información que no puede suplirse con la sola tecnología.

La pauta como medio de presión


La necesidad de reconocerse en la información, de encontrar los propios valores e ideologías reflejados en la información lleva a un preconcepto muy común: quien me incomoda, quien molesta a mi linea de pensamiento está comprado, recibe el sobre, tiene pauta oficial. 


Y esa es una verdad a medias, muchas veces con poca relación con la realidad (y dije poca, no nula).


Si bien la pauta publicitaria oficial es un tema que siempre se soslaya en la relación entre los medios y el municipio, en definitiva, es el meollo de la cuestión. Moneda de cambio corriente y mecanismo de presión de doble mano.


Básicamente la ecuación es "si te pago, levanta la pata" o "si no me pagás, te hago mierda", desde el punto de vista del "buen gobierno" debe considerarse como un medio para aquella publicidad de los actos, que Juan Bautista Alberdi definía como la cuenta diaria que los mandatarios dan al país de la gestión del poder y desde el ejercicio ético de la profesión, una de las formas válidas para sostener al periodismo independiente.


En Necochea siempre hubo dos grandes "inversores" en publicidad:  la municipalidad y el puerto, que utilizan la pauta oficial a modo de premio y castigo para el periodismo "libre".


La publicidad oficial es hoy, ante todo, una herramienta proselitista que seguirá aumentando en su volumen, y se seguirá profundizando en sus vicios si no se regula su fin y utilización.


Durante la gestión de Arturo Rojas el volumen de fondos destinados a pauta publicitaria disminuyó sensiblemente respecto a gestiones anteriores: de 31.000 registrados durante el gobierno de Facundo López disminuyó a 16 millones, aún así sigue siendo mayor que el presupuesto destinado a los Centros de Atención Primaria de la Salud (CAPS) o las delegaciones del interior del distrito.


Aún así tienen en común que se desconoce el criterio de distribución y los medios beneficiados a pesar de que desde el Concejo Deliberante hubo un debate que prometió un pedido de informes al respecto.

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